El camino a la gloria empieza en Canadá

A principios de los años 80 hubo una generación de jóvenes regiomontanos que buscó una manera diferente de llegar a las Ligas Mayores y lo hizo a través de los colegios de Estados Unidos, específicamente de Texas.

Miguel Flores, actual gerente deportivo de los Sultanes, fue la punta de lanza de ese grupo de muchachos que no querían verse forzados a firmar con un equipo de Liga Mexicana. A Miguel lo siguieron decenas de compañeros que lograron su meta de jugar en el beisbol colegial y algunos fueron seleccionados por equipos mayoritarios.

Actualmente, México vive una revolución en cuanto a la firma de peloteros porque ya no son solamente los equipos de Liga Mexicana los que pueden vender jugadores, sino también academias que se han establecido en nuestro territorio.

En este preciso momento, la LMB no puede hacer transacciones con Major League Baseball porque los norteamericanos detectaron inconsistencias y malos manejos que quieren evitar en beneficio de los jugadores.

La próxima semana, en Morelia, la LMB se reúne para analizar este problema grave que tienen y sería en Las Vegas, la primera semana de diciembre, cuando podríamos conocer el veredicto de MLB con respecto a las negociaciones que tendrá con el beisbol mexicano.

¿Se mantendrá un mercado abierto para que cualquiera pueda negociar peloteros?

¿Será sólo la LMB la que puede vender jugadores?

UNA HISTORIA DIFERENTE

Mientras eso pasa, al menos cuatro jóvenes mexicanos han experimentado una manera diferente de estar en el escaparate mundial y además prepararse académicamente.

Egresados de la Liga Maya de Beisbol en las Ligas Pequeñas de la Ciudad de México, Alejo López, Eduardo Sánchez, su hermano Ricardo y el regiomontano José Luis Robledo Peña, han tomado el camino de una academia para llegar a su sueño de jugar beisbol profesional.

El equipo se llama Okotok Dawgs y tiene su sede en Alberta, Canadá. Ellos juegan en verano y ofrecen becas a jóvenes con talento.

Alejo y Eduardo emprendieron ese camino hace 8 años y en este momento el primero de ellos ya juega en clase doble A con los Rojos de Cincinnati, mientras que el segundo tiene una beca con la Central de Arkansas.

Ambos se fueron con becas gracias a su habilidad para jugar beisbol. Luego los siguieron Ricardo Sánchez y este año José Luis Robledo Peña.

José Luis es sobrino de Ramiro Peña, short stop de los Sultanes de Monterrey y quien llegó a jugar en las Ligas Mayores con los Yanquis de Nueva York.

El muchacho de 15 años sigue los pasos de su tío, pues juega la misma posición y batea por los dos lados del plato.

“El entrenó en verano con los Diablos Rojos, pero no hemos firmado contrato con nadie”, dijo su padre, José Luis Robledo.

Robledo Peña quiere ver las mejores posibilidades y no verse comprometido con una organización hasta saber sus verdaderas posibilidades.

De esta manera y al igual que hace más de 30 años, las opciones de los jóvenes prospectos son amplias y se deben analizar bien. No hay que dejarse engañar con el primer “buscador” que llegue y les ofrezca un mundo maravilloso.

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