SEMBLANZA DE CÉSAR FAZ

César L. Faz ha sido una leyenda viviente que hoy parte de este mundo. Las nuevas generaciones no conocen la historia pero cuando la escuchan quedan asombrados de la forma en que se fueron dando las cosas y más aún cuando saben el final.

Todo empezó en una soleada tarde característica de nuestra ciudad de Monterrey en algún campo amateur cuando César L. Faz siendo manager del Representativo de Nuevo León de Primera Fuerza se quedaba a un solo juego de ganar el Campeonato Nacional de 1955. Quedaba César con una espinita clavada en lo más profundo de su orgullo y lo que más deseaba era tener una revancha.

César nació en San Antonio, Texas el 6 de noviembre de 1918, hijo de Don José M. Faz y Doña Felicitas Rodríguez. Allá practicó beisbol, básquetbol y futbol americano.

Se desempeñó como batboy del equipo sucursal de los entonces Cafés de San Luis; los Misioneros de San Antonio, puesto que le dejó su hermano Jorge. Pasado el tiempo se estableció en la ciudad de su madre y de sus hermanos mayores; Monterrey, N. L.. Acá destacó como jugador y manager amateur de beisbol.

Gracias a su destacado desempeño fue llamado a jugar por el equipo Monterrey, aquellos también llamados Industriales de Lázaro Salazar, quien le dijo que su físico no era el adecuado para el beisbol profesional, pero que le enseñaría a ser mánager.

De esta forma entró a trabajar en la empresa FAMA, (Fabricación de Máquinas) donde fue desde Mayordomo hasta Gerente de Relaciones Industriales, además de Director de Deportes.

Don Roberto G. Sada, empresario del vidrio en Monterrey le mandó llamar y le dio directamente la orden de manejar un equipo de niños en la naciente Liga Pequeña Industrial de Monterrey, y la acató con recelo ya que en su interior, él quería tener la revancha en el Campeonato Nacional de Primera Fuerza.

De esta forma, más a fuerzas que de agrado, César empezó a entrenar a los Botelleros de la Liga Pequeña Industrial, y donde poco a poco los conocimientos adquiridos en su natal San Antonio fueron recibidos por unos incomparables pequeños peloteritos, salidos en su mayoría de los barrios obreros de la capital industrial de México, con quienes escribiría con letras de oro el nombre de nuestra ciudad a nivel mundial con una historia increíble, más parecida a un cuento de hadas que a una historia real.

Este grupo de niños fueron guiados por tres hombres; César L. Faz, Harold "Lucky" Haskings y José González Torres, quienes se encargaron de sortear las tremendas dificultades para que los niños pudieran jugar y culminar el trabajo con una verdadera obra de arte de un pequeño lanzador, tímido, pero frío y certero a la hora de lanzar como Ángel Macías y su juego perfecto, único en la historia de las pequeñas ligas y que junto con sus compañeros, sorprendieron no sólo a la gente, sino al mundo entero.

Después del 23 de agosto de 1957, la vida cambió para este mexicano-americano, pero César L. Faz siempre se mantuvo sencillo en la grandeza.

Hoy el autor intelectual de la historia de los niños campeones, más bien conocidos como LOS PEQUEÑOS GIGANTES, ha partido de este mundo material, pero queda inmortal su ser y su obra plasmada en los recuerdos deportivos más grandes de nuestra ciudad y del país entero.

Descanse en Paz César L. Faz.

Síguenos!

Síganos!

Manténgase informado