Los pecados del Palacio Sultán

Hoy Sanca Dilla, la columna más leída en Monterrey (periódico El Norte) dedica la mitad de su espacio para hacer una crítica fuerte de lo que ellos llaman "el mega antro" en el que se ha convertido el Palacio Sultán.
Un tema que tiene más de un ángulo y que para algunos es positivo y para otros negativo.
Sanca, que por lo general toca temas futboleros, pero que en 2018 ha tenido acceso a información privilegiada (incluso desde dentro del club de beisbol) dice que después del Volcán y del estadio de los Rayados, el parque de los Sultanes en la cantina más grande de Monterrey.
En contraparte, el ángulo que esgrimen los empresarios es que ellos ponen la oferta y la gente es la que decide si se va a emborrachar o no al estadio.
El deporte profesional es caro, y para que se mantenga es necesario que el aficionado compre, y si es a través de la cerveza, pues es problema de la persona.
Desde hace muchos años, el beisbol ha sido "patrocinado" por las compañías cerveceras. Cuauhtémoc y Famosa llegó a tener bajo su mando a los equipos de Ciudad Juárez, Torreón, Mocnlova, Saltillo, Monterrey, Tampico, entre otros. En el sur, la que "rifaba" era la competencia.
En este momento no tienen acciones en los equipos, pero siguen siendo abastecedores del líquido ambarino en cantidades industriales.
Los tiempos cambian y las costumbres también. En Nuevo León, la moda de los años ochenta era ir a los antros hasta altas horas de la noche. 
Pero, cuando la inseguridad llegó a la zona regiomontana, allá por 2006, muchos jóvenes se refugiaron en el beisbol para poder ir a tomar sus tragos en santa paz.
Ese problema social le "benefició" al beisbol de alguna manera. Lo que pasa ahora en el Palacio Sultán no es producto de la inteligencia de la nueva administración, sino de un seguimiento que se le ha dado a las necesidades de las personas que tienen dinero y quieren asistir a un espectáculo deportivo. Así como hay cerveza "en oferta y abundancia" también surgieron los balcones parrilla, donde la gente puede ir y disfrutar de una carne asada, unas cheves y, si quiere, ver el beisbol.
La forma de asistir a un parque de pelota en Monterrey ha cambiado drásticamente, pero quizás era la única manera de mantener un equipo de estrellas que cobran caro.
¿Será el camino equivocado? ¿Estaremos en el camino a que el resultado pase a segundo término en favor del gozo personas del nuevo aficionado?
En lo que tiene toda la razón Sanca Dilla, es en el sonido local. Eso se ha vuelto una locura. Son una mala copia del ambiente musical que se vive en un partido de Ligas Mayores. Los nuevos DJ quieren ser el centro de atención y convierten el partido en una pachanga.
Ruido, ruido y ruido por todos lados. ¿Y el beisbol?
El Rey de los Deportes pasa a segundo término porque primero está el negocio, divertir a los asistentes como en una fiesta y el resultado es lo de menos.
La gente que va a convivir con sus amigos ni siquiera puede hablar. Es imposible sostener una conversación. Por eso la mayoría de los asistentes tiene una cerveza en la mano y el celular en la otra.
Lo que le faltó decir a Sanca Dilla es que la directiva sigue necia en ofrecer el lanzamiento de la primera bola a deportistas que no tienen nada que ver con el beisbol.
Eso es un sacrilegio para las personas que toman en serio este pasatiempo. La mentalidad comercial se impone sobre el respeto a un deporte que en Monterrey tiene historia y de la buena.
Ojalá que Sanca Dilla sigue tocando temas de beisbol en esta ciudad donde la crítica ha sido considerada un "atentado" y poco a poco ha desaparecido de los medios de comunicación locales donde cada vez hay menos información de beisbol ante el beneplácito de los directivos de nueva cuña (y también los veteranos), a los que les importa un comino el Rey de los Deportes... lo importante es que la caja registradora suene.

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