Raza en peligro de extinción

Basado en comentarios sobre una nota de Hitazo en la que informo que Tijuana es, por segundo año seguido el campeón de taquilla, me llegó la inspiración sobre el siguiente tema:

Los verdaderos aficionados al beisbol.

En estos tiempos en los que las nuevas administraciones han convertido los estadios de beisbol en centros de espectáculos donde la prioridad es tomar cerveza, escuchar música a volúmenes altos, esperar el post game para disfrutar un grupo musical o entretenerse con las imágenes de la pantalla gigante… ¿dónde queda el beisbol?

¿El resultado? ¿El conocer al pelotero? ¿El platicar y discutir una jugada con tu compañero de a lado? ¿El criticar al ampáyer porque marcó algo diferente a lo que vimos nosotros?

Un momento: para todos aquellos “contreras” que luego, luego, comentan sin leer bien las notas, les voy a dar una oportunidad más.

No soy de las personas que están en contra de la modernidad. Comprendo que el beisbol cambia y que para poder tener un buen equipo hay que gastar mucho dinero. Y si para eso hay que hacer todo lo que ya escribí arriba… ¡adelante! Es su negocio, no el mío. Yo no invierto mi dinero en el equipo y tengo la libertad de ir al estadio o dejarlos morir solos.

Simplemente fotografío el momento en esta columna, que han de leer mis nietos para imaginarse cómo era el beisbol en el lejano 2019.

Una cosa importante. Los dueños de equipos son personas mayores de 50 años. Ellos vivieron otro espectáculo. Otros tiempos. La gente encargada de los estadios, por lo general, es también mayor al medio siglo de vida. Cuando menos en Tijuana así es.

Entonces ¿por qué han modificado el entorno del beisbol en México?

¡Por necesidad!

Si los aficionados de antes ya no podían mantener el beisbol actual, hay que “jalar” a la “chaviza” que trae dinero en la bolsa, que le gusta la música estridente, que gusta de tomar cerveza… aunque no sepan tanto de beisbol.

Esa es la fórmula actual, aunque si alguien tiene una diferente les voy a agradecer que me la compartan.

El beisbol se mueve como se mueve el mundo, la sociedad. No podemos sentarnos a llorar lo que ya pasó. Debemos adaptarnos o abandonar la nave.

Eso sí les digo, en Estados Unidos también están preocupados por las asistencias a los estadios, porque otros deportes les pueden comer el mandado.

Pero cuando voy a un partido de grandes ligas no me tengo que poner tapones en los oídos ni me preocupo por el show posterior al juego. Los gringos invierten en medios de comunicación, exponen su deporte con cronistas conocedores, con imágenes nítidas, con redes sociales bien manejadas.

Saben llevar su mensaje para que el beisbol siga siendo el Pasatiempo Nacional. Ahí es donde estamos fallando en México. Se invierte muy poco en comunicación, se le da el micrófono al primero que pasa por enfrente, muchos directivos no saben diferenciar entre una buena cobertura y una mala.

¿Por qué la Serie Mundial de Williamsport tiene mucha más trascendencia que la Serie Mundial Cal Ripken? Por la manera en la que los primeros han cuidado su imagen y han sabido transmitir su mensaje.

Si le vendemos a la gente un buen producto, con un buen empaque y con un buen mensajero, quizás no necesitáramos llevar un conjunto musical al final del juego, ni vender cerveza desde dos horas antes del juego, ni interrumpir el partido con música todo el tiempo.

Pero es cuestión de enfoques… quizás no entendimos desde un principio la palabra entretenimiento. Quizás nos fuimos por el camino fácil.

#hitazo

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