Sin espacio para el beisbol infantil

A mediados de los años 80, cuando empecé mi carrera como reportero de deportes del periódico El Norte, de Monterrey, conocí a un periodista empírico que me enseñó el amor por el amateurismo.

Efraín Rodríguez era empírico porque en sus tiempos no hubo escuelas que le enseñaran las teorías de la comunicación, es decir, "tocaba el periodismo de oído", pero cubría igual o mejor que un graduado de facultad universitaria.

Una de las "fuentes" de Efraín eran las ligas pequeñas. Como sonorense que soy, poco o nada sabía de los niños campeones o de la gran tradición que en Nuevo León existe por el Rey de los Deportes a nivel infantil.

Buen compañero, Efraín me cedió parte de la cobertura de las ligas pequeñas y me enamoré de la enjundia que ponen los niños en cada jugada, del esfuerzo que hacen los padres de familia por mantener a sus hijos en un deporte considerado caro.

El Norte, en esa época maravillosa para mí, le daba grandes espacios a las ligas pequeñas. Incluso en muchas ocasiones un resultado se podía llevar "la nota principal del día".

Era cuando el futbol todavía no dominaba abrumadoramente las páginas de los diarios, la tele o la radio.

Miles de niños de Nuevo León tenían la esperanza de salir en la foto o ver su nombre escrito en el matutino. Cada temporada (mayo, junio y julio) era volver a los campos y ser testigos de grandes hazañas. Estoy seguro que en muchos álbumes hay recortes de periódico guardados celosamente porque allí aparecía el peloterito de la familia.

Ahora, en los medios nuevoleoneses casi nadie tiene "espacio" para la cobertura de las ligas pequeñas en Nuevo León. Los directivos de la pelota infantil no han sabido ganar ese honor que no se paga con dinero, sino con transparencia y voluntad. Se han aburguesado a tener un puesto "voluntario" y carecen de ideas innovadoras.

El futbol internacional, que nada bueno le deja al deporte local, se lleva páginas y páginas, cientos de minutos en la radio y televisión, mientras que el beisbol infantil se refugia ahora en las transmisiones por Facebook Live, hechas en su mayoría por los propios padres de familia.

Pero el cáncer no ha invadido todo los órganos. En ciudades con menos población y con raíces beisboleras como Reynosa, Matamoros, Tampico, Monclova, Saltillo, Nuevo Laredo y muchas más, se le sigue dando espacio al beisbol infantil y amateur.

En lo particular, creo que el beisbol infantil tiene mucho potencial de comercialización, pero le ha faltado visión a esos directivos anquilosados que, sin iniciativa, prefieren mantener este bello deporte en la sombra en lugar de renacer de las cenizas y pelear por esos espacios en los medios de comunicación.

Si el sistema Williamsport es grande es por la difusión que le han dado a lo largo de su historia. Ellos manejan el beisbol como una empresa privada que debe generar divisas para poder tener mejores instalaciones, mejores coberturas y transparencia, mucha transparencia.

En Monterrey hay corporaciones de comunicación que promueven desde hace poco el biesbol profesional, pero ¿qué tanto beisbol infantil publican en sus espacios?

A partir de este año, los Sultanes han implementado una activación que se llama "Hi Five" y que consiste en invitar a niños de ligas pequeñas para que conozcan el estadio, a los peloteros y se llevan de recuerdo una camiseta y una medalla. Esto es un paso extraordinario para sentar las bases de la afición del futuro.

Pero nadie habla de ligas pequeñas en radio ni en televisión.

Sé que estoy arando en el desierto, pero me queda la satisfacción de decir: "Yo estoy haciendo algo por el beisbol infantil... ¿y ustedes?".

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