Se abre una puerta gigantesca

Como sonorense que soy, me tocó crecer viendo el beisbol de la Liga Mexicana del Pacífico. Uno de los primeros recuerdos que tengo es la imagen del pitcher René Paredes llorando en la caseta de su equipo luego de perder un partido apretado ante los Yaquis. Eran los tiempos románticos del beisbol en el desaparecido parque Alvaro Obregón de la antigua Cajeme.

Luego llegó el estadio Tomás Oroz Gaytán, que para su época (años 70) era una maravilla. Todavía recuerdo como si estuviera allí, cuando se inauguró. Su acceso serpenteante hacia las tribunas de butaca tenía un tono sepia con brillos que, con la luz de las luminarias, parecían tener vida. Era un reto con mi hermano subir corriendo para ser el primero en ver el uniforme del equipo contrario.

Aunque no éramos una familia de vastos recursos económicos, mi padre trataba de acudir cuando menos a un partido por serie. Me tocó la época grande de Miguel Solís, Arturo González, Juan Navarrete, Antonio Villaescusa, Paquín Estrada y extranjeros de gran calidad como Iván Murrel, Ben Oglivie, Dave Winfield, Matt Alexander, Darrel Thomas y muchos más.

A los 17 años de edad dejé mi terruño para llegar a Monterrey y estudiar en la UANL la carrera de Ciencias de la Comunicación. Desde entonces y hasta la fecha, vivo en la Sultana del Norte. A partir de 1983 cubro profesionalmente a los Sultanes como periodista.

Les confieso que el impacto que viví en 1982, cuando fui por primera vez al parque Cuauhtémoc y Famosa de Monterrey, fue negativo. En ese tiempo los Sultanes acababan de perder mucho talento que se fue con la huelga de la ANABE. Su plantel era muy modesto y el estadio muy incómodo.

Pero las cosas cambiaron con una nueva administración a partir de 1985 y con la construcción del estadio Monterrey, inaugurado en 1990.

Siendo niño, seguía la actividad de la LMB a través de revistas como Hit, Súper Hit y Playball, pero la distancia entre las plazas de verano y de invierno, así como la precaria tecnología en comunicaciones de la época, hacía casi imposible estar al día en ambas ligas. Era “cliente” de la LMP y en verano jugábamos futbol, voleibol o basquetbol. La televisión nacional de aquellos tiempos (igual que ahora) nos ofrecía futbol, pero no beisbol.

La ciudad de Monterrey, con su apego al futbol y gran oferta de entretenimiento, no tenía espacio para atender lo que pasaba en la LMP. Si acaso un puñado de fanáticos estaban atentos a los acontecimientos del beisbol invernal. Cuando terminaba la temporada de verano en Monterrey, se acababa el beisbol profesional para la masa.

UNA PUERTA MONUMENTAL

Pero las cosas han cambiado en este 2019.

Una puerta gigantesca se ha abierto para la LMP con la llegada de los Sultanes de Monterrey. Una franquicia con 80 años de tradición en la LMB, con una población de millones de personas que ahora sí tendrán un motivo para interesarse en el beisbol invernal.

La Liga Mexicana del Pacífico dio un gran paso cuando llegaron los Charros de Jalisco hace cinco o seis años y ahora remata con otra plaza de gran tamaño como es Monterrey. La mitad del territorio mexicano ya tiene un motivo para estar pendiente y convertirse en cliente potencial, aunado a la llegada de nuevos patrocinios.

Los pasos sólidos que da la LMP podrían multiplicarse si dentro de poco suma, por ejemplo, a la Ciudad de México. Otro estado que podría aportar un amplio territorio es Chihuahua. De esa manera y sin hacer mucho ruido, con una plaza más en el centro y otra en el mero norte, estarían apoderándose de casi toda la República Mexicana, sobre todo de los sitios donde más se juega pelota.

Por lo pronto, en Monterrey hay mucha expectativa por el debut de los Sultanes en el invierno. El draft celebrado el martes 21 de mayo fue el “nacimiento” de un movimiento gigantesco que se convertirá en un fenómeno social y que le dará a la gran afición regiomontana el privilegio de ser la única región con beisbol de calidad durante TODO EL AÑO.

Es cierto, quizás las cosas no sean color de rosa desde el principio porque hay que consolidar una base de jugadores, pero con el ímpetu de los dueños es probable que no paso mucho tiempo para que los regios sean uno de los clubes “grandes” de la LMP.

Soy afortunado de atestiguar este hecho histórico que agradezco a la vida. Ahora, las dos ciudades de mi vida (Obregón y Monterrey) están ligadas a través del beisbol.

El sueño de mi infancia se vuelve realidad.

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