El Salón de la Fama, soberano

La mejor cualidad del anterior Salón de la Fama del Beisbol Mexicano era su independencia de los directivos de la Liga Mexicana. Como quien dice, era un ente independiente que tomaba decisiones en base a sus estatutos y sin complacer a nadie.

Es cierto, en la historia del viejo nicho de los inmortales hubo algunos “pecaditos” en los que metieron la mano personajes externos, pero fueron pocas veces.

En las ceremonias de entronización, los directivos eran simplemente invitados de honor, no podían influir en las nominaciones, algo que estuvo siempre en las manos de los periodistas. Con el tiempo se mejoró la forma de seleccionar a los futuros inmortales, sobre todo gracias al trabajo de Horacio Ibarra, quien con su meticulosa investigación no dejaba duda a quién tenía merecimientos para estar en la galería de “caballones”.

La pregunta es ¿qué va a pasar ahora que el Salón de la Fama tiene un dueño físico y se llama Alfredo Harp Helú?

¿Tendrán los Diablos Rojos un trato especial? ¿Habrá un club íntimo de personas poderosas e inexpertas que influyan en las decisiones? ¿Seguirán siendo los cronistas los que tengan mano a la hora de escoger a los inmortales?

El problema es que los tiempos cambian y ahora con la “modernización” de algunos clubes, el cronista de abolengo ha quedado desplazado por muchachos gritones que no saben de beisbol, pero que se dicen “periodistas” y saben manejar las redes sociales, aunque no sepan quién fue Francisco Campos o Alfredo “Yaqui” Ríos.

El Salón de la Fama 2019, tal como lo vamos a conocer, tendrá un impacto más como museo que como nicho de inmortales y eso no es malo. Mucha gente acudirá por la novedad y eso bastante bueno.

Alfredo Harp Helú merece el crédito completo, pero creo que el Salón de la Fama NO debe llevar el nombre de una persona, digo, aunque lo haya edificado y pagado con su dinero.

Aunque es una frase muy trillada, decir que “el beisbol es más grande que todos” sigue siendo una verdad contundente. Y nadie debe ser más grande que el Salón de la Fama.

Ojalá que los periodistas sigan teniendo en sus manos la decisión de quién entra y quién no al nicho de los inmortales. Y ojalá que el presidente beisbolero se mantenga también al margen y respetuoso de la forma en que se escogen a los futuros inmortales… porque si lo dejan, es capaz de entronizar a todos sus amigos.

Amén.

EL CASO SALTILLO

La noticia de que los Saraperos de Saltillo cambian de dueño fue lo mejor que le pudo pasar a la ciudad capital de Coahuila y a sus sufridos aficionados, que luego de la época Ley tuvieron que sufrir una administración pésima e insensible.

Ojalá que Nerio Rodríguez y toda su directiva entiendan que no son queridos en el beisbol y se hagan a un lado para dejar que los empresarios jóvenes, nacidos en Saltillo y que quieren a su ciudad, le devuelvan el brillo que siempre han tenido los Saraperos.

EL CASO TORREÓN

Aunque los reflectores beisboleros nacionales pocas veces apuntan hacia Torreón, hay que destacar que un empresario treintañero fue el que se quedó con la franquicia que tenían los hermanos Arellano, también muy jóvenes.

A Francisco Javier Orozco Marín lo conocen en Saltillo porque opera al club de futbol americano llamada Dinos, pero es todo.

Declaró en la prensa que busco comprar a los Saraperos, pero no se dieron las cosas.

 "Sólo que fueron negociaciones muy distintas, porque con el presidente de los Saraperos el trato resultó distinto, y más fácil con los hermanos Arellano Hernández, tal vez porque Érik es un joven de 35 años y compartimos muchas cosas, eso hizo un arreglo rápido y en concreto”, dijo el funcionario al periódico Diario de Coahuila.

Señaló que el interés del Presidente de la República en el beisbol profesional es que operen los 16 equipos sin problema alguno:

"Apegados a ello pudimos hacer una negociación con los hermanos Arellano Hernández, me habría gustado hacerlo con Saraperos, pero simplemente no se dieron las cosas”, comentó.

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