LOS SULTANES DEL NORTE

Han pasado ya cuatro días desde que “cayó la bomba atómica en Guasave” y el presidente López Obrador, como un experto prestidigitador, apareció dos nuevos equipos en la Liga del Pacífico… así, de la noche a la mañana.

Contando la tarde del domingo, ya son cuatro jornadas en las que se han vertido miles de opiniones respecto a la expansión que vivirá la pelota invernal. Creo que en la Sultana del Norte nos tomó de sorpresa y es donde ha causado más expectativa porque eso de tener beisbol de primer nivel todo el año era como un sueño lejano que se vuelve realidad.

Y no porque no se cuenten con las condiciones necesarias para ello, sino porque Monterrey se convertirá en la plaza “lejana”, en la ciudad “incómoda”, debido a la distancia que la separa, por ejemplo, de Mexicali o Hermosillo.

Es cierto, vivimos una época donde las comunicaciones y la tecnología están a pedir de boca, pero eso mismo pasó cuando Tijuana ingresó a la LMB.

A los Toros se les pidió que el primer año pagaran una parte de los boletos de avión de los equipos que los visitaban. La diferencia de horarios tampoco es cosa menor, porque cuando se juega en Tijuana, en Monterrey nos develamos y eso también va en detrimento de las publicaciones de los periódicos que aún se imprimen.

Peccata minuta, dirían los italianos.

Pero cambiando de tema, algo que me parece importante es definir que los Sultanes de verano NO son lo mismo que los Sultanes de invierno.

Aunque los sueldos salgan de la misma empresa, las ligas, los jugadores, e incluso la afición, será diferente.

Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo y en esto del beisbol yo tengo mucho camino recorrido y he visto aparecer y desaparecer franquicias.

Si en verano el “target” (es que el CEO habla en inglés y hay que ponerse en su tono mercadológico) es la gente regia, la que quiere que su equipo “huela a cabrito”, en invierno el mercado debe cambiar, para poder llamar la atención de toda la región.

Ya lo planteé en otra columna, pero ahora, con más calma, les digo que los Sultanes de invierno deben ser los “Sultanes del Norte” porque así van a involucrar a la gente de Saltillo, Reynosa, Chihuahua, Matamoros, San Luis Potosí, Nuevo Laredo, Laredo, Texas, Matehuala, Ramos Arizpe, Torreón y puntos circunvecinos.

Podrían también intentar con los “Sultanes del Noreste”, pero aunque estemos en esa situación geográfica, los regios son conocidos como gente del norte, no del noreste. Y también como “Sultanes de Nuevo León”, pero eso deja fuera al resto de los estados vecinos y se les requiere en los primeros años de esta aventura, que será siempre cuesta arriba.

Los Sultanes invernales no son solamente de Monterrey; este equipo tiene un amplio panorama alrededor y de esa manera deberían manejar su imagen. Será algo parecido a lo que pasa con las Chivas Rayadas del Guadalajara, que aún de visitantes tienen muchos seguidores locales.

Los Naranjeros no pueden ser de Sonora porque ahí están también Obregón y Navojoa. Los Mochis no puede apoderarse de la palabra Sinaloa porque la comparten con tres equipos más.

En cambio, los Charros, aunque son de Guadalajara, se apropian de todo el estado de Jalisco para tener más seguidores.

Sultanes es una franquicia que tiene cientos de kilómetros a la redonda de donde tomar aficionados. En invierno debe terminar la rivalidad que existe con los equipos de la periferia para invitarlos a sumarse al proyecto.

Los Sultanes del Norte, que suena bien y suena fuerte, es mi propuesta para este club que debe ponerse a trabajar desde ya en la formación del equipo. Dejen para después eso de la venta de abonos porque en este momento no tienen nada que ofrecer.

Enfóquense en su equipo de verano y vean la manera de ir comprando jugadores que sean atractivos para la zona en invierno.

Porque traer ídolos de Coahuila o Tamaulipas (por nombrar dos estados) también sumará en la caja registradora.

Ahí se las dejo de tarea, señores.

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