Del "yo" al "nosotros"

Tener un Presidente de la República que guste del beisbol y lo reitere cada vez que puede, debe ser un aliciente para las ligas profesionales de México porque a través de él se pueden mejorar las condiciones de los parques de pelota y de esa manera poder brindarle un mejor escenario al Rey de los Deportes.
En la Liga Mexicana del Pacífico las ciudades de Hermosillo y Ciudad Obregón se vieron beneficiadas con estadios de beisbol de primer nivel, cortesía de los la combinación de esfuerzos entre estado y municipio. Los Mochis está en ese mismo camino y Mazatlán también.
Cabildear es algo que se debe hacer con los gobiernos para tratar de conseguir los recursos para mejorar la infraestructura de los estadios porque, aunque el beisbol profesional es un negocio privado, es parte también de la reconstrucción del tejido social de una comunidad y sirve para promover el deporte y brindarle al ciudadano un espacio de solaz y esparcimiento.
Poco son los empresarios que tienen dinero suficiente para construir un parque de pelota con las características para albergar beisbol profesional. Uno de ellos es Alfredo Harp Helú, dueño de los Diablos Rojos del México y de los Guerreros de Oaxaca. 
El señor no sólo está invirtiendo en el nuevo parque de los escarlata, sino también en un salón de la fama en Monterrey que va a sustituir el que Cervecería Cuauhtémoc ya no quiso patrocinar.
Todo perfecto hasta allí. El martes, Harp Helú se reunió con Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, y lo invitó a inaugurar ambos edificios: el estadio y el salón de los inmortales. AMLO le dijo que sí y ese es el primer paso para una buena relación futura entre el mandatario y Alfredo Harp Helú.
Pero ¿Y la Liga Mexicana? ¿Por qué el presidente de la Liga Mexicana y una comitiva de directivos no se han reunido con López Obrador?
Recordemos que sólo unos días después de que AMLO fuera electo presidente, un grupo de “beisboleros” encabezados por los hermanos Adrián y Edgar González se reunieron con AMLO en la capital. En Monterrey, Pepe Maiz le hizo regalos que tienen qué ver con ligas pequeñas y ahora Harp Helú se toma la foto y presume sus logros personales.
¿Y dónde está el nosotros? ¿Dónde está el somos la Liga Mexicana?
¿Hasta cuándo los directivos dejarán de pensar en ellos mismos y se darán cuenta que su negocio es la Liga Mexicana y que no pueden ser satélites de su propia liga?
En estos momentos de postemporada ¿por qué no pensar en invitar a López Obrador a lanzar la primera bola es un escenario digno, donde haya mucha concurrencia?
Los esfuerzos individuales no nos llevan a ninguna parte. Es tiempo de que los equipos piensen como liga y se olviden de estar jalando siempre para su santo. Eso es algo en lo que el presidente de la LMB debería usar su valioso tiempo.
EL MUNDIAL SUB 23
Hace un par de años, cuando Raúl González se estrenaba como director de deportes en Nuevo León bajo el manto sagrado del primer gobernador independiente (El Bronco), se llevó a cabo el mundial sub 23 de beisbol en Monterrey y Saltillo.
En esa ocasión, los Diablos Rojos y Sultanes coadyuvaron en formar el equipo de juveniles que pasó sin pena ni gloria por el torneo de 12 selecciones en el que México no figuró entre los primeros cuatro.
A partir del 16 de octubre próximo, ese mismo torneo avalado por la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol (WBSC), se llevará a cabo en Colombia.
Octubre es un mes difícil porque en la primera semana terminará la final de la LMB y en la segunda iniciará la LMP.
Tomando en cuenta las fricciones que hay entre las dos ligas profesionales mexicanas de beisbol, aquí la pregunta es: ¿quién armará la selección nacional?
DATO CURIOSO
Este año se cumplen 20 de la final entre Monclova y Oaxaca. En aquel 1998 los Guerreros también pasaron como comodín y nadie daba un peso por ellos. Se colocaron como octavos en la lista de los mejores ocho y les tocó enfrentar en primera ronda a los superlíderes Diablos Rojos del México.
Ese año se jugó con tres divisiones de seis equipos (zona norte), cinco (sur) y cinco (centro). Hubo dos partidos de comodines y entonces clasificaron Diablos, Sultanes, Monclova, Tigres, Tabasco, Cancún, Yucatán y Oaxaca. 
El manager de los Guerreros era Nelson Barrera y el de Monclova, Aurelio Rodríguez, dos de los mejores tercera bases mexicanos de todos los tiempos.
Oaxaca dio la primera gran campanada al vencer a los Diablos en seis juegos y luego les tocó chocar ante otro de los favoritos: los Sultanes de Monterrey.
Lograron división de triunfos en la Sultana del Norte y en Oaxaca sólo ganaron uno, para de esa manera regresar a la capital del cabrito abajo en la serie 2-3. Sin embargo, sacaron fuerzas de flaqueza y echaron a los dirigidos por Derek Bryant en siete partidos.
El playoff de Monclova comenzó con la serie ante Cancún (4-2) y luego ante los Tigres (4-3). La final empezó en la casa de los Acereros con triunfos para Oaxaca por 5-1 y 6-4. De regreso a casa los oaxaqueños ganaron 6-1 y 6-5 para ceñirse su primer título en la Liga Mexicana.
De aquel equipo se recuerda a Homar Rojas, Ramón Esquer, Lauro Félix, “Chivigón” Castañeda, Héctor Alvarez, Nelson Barrera, Scott Lidy, Roberto Carlos Méndez, Alejandro Carrasco y Darío Pérez, entre otros.
Con la Furia Azul estaban Héctor Estrada, Luis Raven, Grimaldo Martínez, Héctor Guizar, Oscar Romero, Darrel Sherman, Ricardo Sáenz, Juan Ramón Medina, Rubén Aganza, Chito Ríos, José Isabel Ceceña y Felipe Murillo, entre otros.
En este 2018 Oaxaca avanzó como comodín venciendo a León. Le toca jugar contra el líder de la zona Sur (Yucatán y abren serie en la casa de los Leones). Hasta el momento, tanto Oaxaca como Acereros han empezado con marca de 2-0 en el primer playoff y este recuerdo de su final es sólo para la anécdota… porque recordar es vivir.

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